sábado, 19 de febrero de 2011

I.

Y allí estaba él, con aquellos vaqueros que tanto le gustaban y su camisa de cuadros, apoyado sobre la brillante puerta de su maravilloso Audi blanco. Luego de echar un vistazo a la calle que tenía en frente, repleta de gente comprando en las numerosas tiendas que ofrecían productos a precios bastante asequibles, se dio cuenta de que era hora de marcharse. Después de pisar la colilla aún humeante de su último cigarrillo entró en el coche y dejó sus gafas de sol en la guantera. Al tiempo que se abrochaba el cinturón, la puerta del copiloto se abrió y aparecieron unas bonitas piernas que se hacían paso entre la cantidad de bolsas que había bajo el asiento del copiloto. La joven muchacha que ahora estaba sentada a su lado tenía una suave melena castaña y unos ojos verdes encantadores que, junto con las pequeñas pecas de alrededor de su nariz, hacían sexy e inocente su mirada. Pero sin duda lo que mas llamaba la atención de su espectacular cuerpo era su adorable sonrisa. Un simple pero precioso gesto que, sin desearlo, hipnotizaba hasta al mejor de los hipnotizadores. Se saludaron con una rápida mirada y el chico, después de dedicarle un fugaz guiño de ojos, pisó el acelerador y las ruedas patinaron sobre el asfalto antes de dirigirse hacía la carretera. Les esperaba un largo viaje.

- Sam?
- Si, Kathy?
- Que le ha pasado a tu camisa?
- Nada importante, un rasguño, no te preocupes.

Kathy se quedó mirando pensativa la rasgada camisa de su chico.

- Sam?
- Si, Kathy?
- Cres que hemos hecho lo correcto?
- Si, es lo que queríamos no? Deja la bolsa atrás y ponte el cinturón anda.
- Está bien. Antes la señora Bellamy, la de la tienda de abajo, sabes? Me ha dicho que su hijo ha encontrado un trabajo. Le pagan poco más de 1000 al mes y no trabaja a jornada completa ni los lunes ni los viernes.
- Me alegro por Michael, Kathy, pero por qué me comentas eso?
- He estado pensando. Uno de los dos debería ponerse a trabajar. Con lo poco que tenemos no nos dará para mucho tiempo y además…
- Basta Kathy! Ya lo hemos hablado, ya te he dicho que buscaría un trabajo en cuanto pudiera vale?
- Vale Sam, pero…
- Pero nada, a mi tampoco me gustaría quedarme sin dinero y este condenado coche no hace más que tragar gasolina. Se que es un regalo de tus padres, pero en cuanto encontremos algo deberíamos plantearnos venderlo.
- Está bien, como quieras.

El sol estaba ya en la línea del horizonte y su rojiza pero aún deslumbrante luz molestaba a Sam en los ojos. Sin apartar la vista de la carretera, se puso de nuevo sus gafas. Mientras, Kathy admiraba el bello paisaje que pasaba rápido por su derecha y decidió abrir ligeramente la ventanilla para respirar un poco de aquel aire.

- Sam?
- Si, Kathy?
- A dónde vamos?
- …


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